La luna en el cielo.
La Luna
Camino y la miro.
La miro.
La veo en breve momento.
El mundo se mueve.
Víspera de un día.
Noche celebrada.
En nuestro universo.
No hay drama.
Asiento.
Me dejo llevar.
No me enfrento.
La rueda del mundo me hace girar.
La luna en el cielo.
La Luna
Camino y la miro.
La miro.
La veo en breve momento.
El mundo se mueve.
Víspera de un día.
Noche celebrada.
En nuestro universo.
No hay drama.
Asiento.
Me dejo llevar.
No me enfrento.
La rueda del mundo me hace girar.
Años cuarenta. El hambre obliga. Miseria.
Años nuevos. Hambre y carencias.
Duele más cuando tienes ante ti lo que les sobra a los demás.
Conciencia de clase.
¿De cuál?
¿La de la que no le llega y trabaja?
¿La de la mendicidad?
¿La de las deudas por pagar?
La IA ofrece imagen al texto https://ideogram.ai/g/LMFQV3QXQoC5rKKVFa9q5w/3
En los sueños no puedo verme.
No me recuerdo.
No soy yo.
Soy un ser que a veces sufre sin saber de qué y porqué.
Entrar en ellos es el instante en que despierto y quiero volver.
Entonces compruebo que no hay tiempo, que se antepone ponerse en ese nuevo día, siguiendo rutinas repetitivas.
Y si cedo, y me vuelvo a buscarlos, me huyen.
Ya nunca más los tendré.
Ha habido momentos amargos en que habitarlos era el paréntesis.
Ha habido angustia que el resquicio mínimo de salir ha sido un alivio, aunque seguían allí, pegajosos y supurando.
La mayor parte de ellos quedan en el abismo infinito de mi ignorancia.
Lo que me cuesta dormir.
A veces la carga mental no para, el cuerpo empieza a incomodarse y debo intentar descansar.
Será que en ese tiempo perdido se pierde el camino una vez y otra más.
Quise ser
No recuerdo qué.
En el camino
he mudado muchas veces
de deseos y he tropezado el adoquín zancadilla puesto para mí.
Me he plegado a esa imagen que con vuestras leyes pedíais de mí, cayendo en el olvido orillado de aquel pasado que quería escribirme un futuro posible y un mundo mejorable, con mis decisiones que han quedado achicadas para evitar mi naufragio entre una multitud arcana y pecata.
Atravieso la distancia que me lleva de hoy a mañana, en un lance de Sísifo, remontando la carga, impenitente, y cayendo al abismo desolado de este cuerpo extraviado, que teme dar nombre a todo lo que su mente sostiene.