En los sueños no puedo verme.
No me recuerdo.
No soy yo.
Soy un ser que a veces sufre sin saber de qué y porqué.
Entrar en ellos es el instante en que despierto y quiero volver.
Entonces compruebo que no hay tiempo, que se antepone ponerse en ese nuevo día, siguiendo rutinas repetitivas.
Y si cedo, y me vuelvo a buscarlos, me huyen.
Ya nunca más los tendré.
Ha habido momentos amargos en que habitarlos era el paréntesis.
Ha habido angustia que el resquicio mínimo de salir ha sido un alivio, aunque seguían allí, pegajosos y supurando.
La mayor parte de ellos quedan en el abismo infinito de mi ignorancia.
Lo que me cuesta dormir.
A veces la carga mental no para, el cuerpo empieza a incomodarse y debo intentar descansar.
Será que en ese tiempo perdido se pierde el camino una vez y otra más.